Tiroides y embarazo

La tiroides es una glándula que, a través de la secreción de hormonas tiroideas, cumple en el organismo múltiples funciones; está relacionada con el embarazo en varios aspectos.

Tanto la disminución como el exceso de hormonas tiroideas tienen implicancias en esta etapa, y dicha alteración puede existir desde antes del embarazo o presentarse durante el mismo o dentro del primer año luego del parto. La disminución de su funcionamiento, es decir el hipotiroidismo, puede traer irregularidades menstruales y falta de ovulación, por lo que en ocasiones es causa de esterilidad, aun cuando el déficit sea mínimo y la mujer no presente otros síntomas de esta enfermedad (como por ejemplo aumento de peso, constipación, sequedad de piel, intolerancia al frío, etc.). La corrección de este déficit administrando por boca Levotiroxina – la principal hormona tiroidea – normaliza dichos trastornos y permite la ovulación y el embarazo.

También se necesita un adecuado nivel de hormonas tiroideas durante la gestación, pues es necesario para el mantenimiento de la misma; en lactancia, sino que por el contrario, facilita la producción de leche.

tiroides

 El riesgo de que el hijo de madre hipotiroidea nazca con dicha enfermedad es similar al de las mujeres que no lo padecen (1 cada 4.000–10.000 nacimientos), y es diagnosticado precozmente con el análisis de sangre de talón (pesquisa neonatal) que se realiza a los 2-3 días de nacido.

El hipertiroidismo, es decir el exceso de producción de hormonas tiroideas, puede traer irregularidades menstruales, pero no dificulta el embarazo. Su diagnóstico y tratamiento con medicación antitiroidea son de crucial importancia para la salud de la madre y del niño. En general, si se presenta durante el embarazo, lo hace con síntomas similares al hipertiroidismo de otros períodos; palpitaciones, nerviosismo, pérdida de peso, transpiración excesiva, etc.

Debe tratarse de inmediato. Si el diagnóstico se conocía previamente, debe esperarse a que se encuentre compensado con medicación, o si recibió tratamiento con yodo, a que hayan pasado por lo menos tres meses del mismo. Los controles para determinar si la dosis de antitiroideos es apropiada deben ser seguidos, idealmente una vez por mes. También se evalúa el crecimiento fetal a través de ecografías obstétricas. Cuando el niño nace, se lo debe controlar de cerca, y tratarlo si se presenta alguna disfunción tiroidea neonatal. Si el médico tratante considera que la madre debe seguir recibiendo antitiroideos, se contraidica la lactancia. Cabe recordar que en las mujeres que han estado hipertiroideas en forma espontánea en algún momento de su vida, aunque ya no lo estén, se deben tener las mismas precauciones antes mencionadas derante el embarazo y con el neonato.